Las gotas que aparecen en la cara interior de una ventana se forman cuando el aire cálido y húmedo de la vivienda entra en contacto con una superficie fría. Al enfriarse, el vapor de agua se convierte en pequeñas gotas que se acumulan sobre el cristal.
Cocinar, ducharse, tender ropa dentro de casa o incluso respirar aumenta la humedad del ambiente. Por eso la condensación suele ser más visible durante el invierno, especialmente por las mañanas o en habitaciones que permanecen cerradas durante muchas horas.
La aparición puntual de vaho no significa necesariamente que la ventana esté defectuosa. Sin embargo, una condensación frecuente puede indicar que existe demasiada humedad, poca ventilación o que la superficie interior del cerramiento se enfría en exceso.
Ventilar diariamente, utilizar los extractores de cocina y baño y mantener una temperatura interior estable ayuda a reducir el problema. También es recomendable secar las gotas acumuladas para evitar que la humedad termine afectando a las juntas, las paredes o los muebles cercanos.
Las ventanas con un buen aislamiento mantienen el cristal interior a una temperatura más estable y reducen la posibilidad de condensación. Aun así, ninguna ventana puede compensar por sí sola un exceso continuado de humedad, por lo que el aislamiento y la ventilación deben funcionar siempre de manera conjunta.



